Efectos de la retracción económica:
En los estratos bajos es por la marcada caída de ingresos; en los medios y altos para ahorrar frente a la crisis.
El 55% de las familias afirma que redujo sus gastos comprando alimentos o productos de menor calidad; el 49% dejó de ir al médico o al dentista, y el 67% renunció alguna actividad recreativa. Los porcentajes de familias que se ajustan el cinturón son, en 2009, muy superiores a los registrados en 2008, según un relevamiento realizado por la Universidad Católica Argentina, cuyos datos serán difundidos esta semana.
El trabajo relevó en mayo a las familias para indagar si durante el último año, en alguna oportunidad, han tenido que resignar un consumo, la utilización de un servicio o el pago de un impuesto por problemas económicos. Estos índices de "ajuste del cinturón" en las familias se redujeron notablemente entre 2004 y 2007, pero a partir de entonces volvieron a crecer. El ritmo de aumento fue mucho mayor en el último año.
Pero, además, el clima recesivo disparó temores fuertes en la ciudadanía: miedo de perder su vivienda por no poder pagarla (dos de cada diez personas -19%) y volvió a crecer fuertemente el temor a perder el empleo (30%).
El miedo a perder la vivienda es más alto en el área metropolitana (Capital más conurbano) y alcanza al 21%, mientras que en el interior del país afecta al 16%. Lo contrario ocurre con el temor al perder el empleo. El promedio nacional es del 30%, pero en el área metropolitana es del 29% y en las provincias afecta al 33%. Esto probablemente se deba al fuerte impacto de la crisis causada por el conflicto entre el Gobierno y el campo, y la sequía en los comercios e industrias del interior.
Estos indicadores del impacto de la recesión en las familias no reparten igual en todos los estratos sociales.
Existen otros indicadores, que delatan la actitud de precaución o esperar a ver qué sucede, como la postergación de gastos en entretenimiento y recreación, crecieron fuertemente en todos los estratos. Pero el mayor incremento se registró en los estratos medios altos, en los que sufrió un incremento superior al 130%. En el estrato muy bajo, el alza fue de sólo el 44%, pero esto se debe fundamentalmente a que los sectores más pudientes son los principales consumidores de servicios de esparcimiento. Lo mismo ocurre con otros productos y servicios que también se consultan y que son más propios de las clases más pudientes. El estudio aclara: "No obstante esta paradójica disminución en la brecha en algunos consumos, la estructura de desigualdad de nuestra sociedad se sigue reproduciendo".
También las variaciones son dispares, según el lugar del país donde se realizan las consultas, puesto que depende de la oferta de determinados servicios y del estrato social predominante en el conglomerado urbano del que se trate.
Sólo el 13% de las familias dijo haber tenido en el último mes un ingreso suficiente como para cubrir su gastos y ahorrar un poco. Pero casi la mitad (44%) señaló que el dinero obtenido no le alcanzó para cubrir lo gastos. En esa situación había declarado estar un año atrás sólo el 19%. Las interpretaciones realizados por los autores del trabajo apuntan al efecto de la inflación sobre el poder de compra de los ingresos, que ha resultado fuertemente regresivo, fundamentalmente entre los sectores que se encuentran en la porción informal de la economía.
El efecto fue más grave en los sectores bajos. En 2008 casi seis de cada diez (58%) dijeron que el dinero ganado mensualmente no les alcanzaba para sus gastos corrientes. Pero este año esa situación alcanzó a casi tres de cada cuatro (74%).
En cambio, en la proporción de familias sin capacidad de ahorro en el estrato medio alto prácticamente no cambió de un año al otro y se mantuvo en torno a 25 de cada cien.
El estudio también toma un "indicador perceptual" de las familias con riesgo alimentario grave y tuvo un fuerte incremento en el último año. El 2008 afectaba al 5% de las familias, mientras que este año alcanzó al 7%, con un incremento del 40%. El mayor deterioro se dio en el área metropolitana, donde pasó del 4% al 8%.
Lógicamente, el peor resultado se da en los estratos bajos. En 2008 estuvieron en riesgo alimentario grave el 12% de las familias, mientras que este año llegó a más de una de cada cinco (22%).
"El Observatorio de la Deuda Social Argentina concluye que el conjunto de los hogares está atravesando una retracción del nivel de consumo de algunos bienes y servicios que son indispensables para garantizar una mínima calidad de vida aceptable. Este retroceso responde a razones distintas: en los sectores pobres e indigentes, existe un marcado deterioro en las condiciones materiales de vida, mientras que en los segmentos medios y altos se origina en una leve disminución de la renta y la adopción de una actitud conservadora en favor del ahorro y en detrimento del gasto", sostiene el informe.
Publicado por La Nación, 5 de julio 2009