
Aunque los dueños de hoteles, restaurantes, cadenas de cines, teatros y muchos comercios no tienen idea de cómo se repondrán de las inmensas pérdidas que les acarreará la gripe A, hay otros sectores económicos que atesoran un súbito auge de sus ventas. Los fabricantes de artículos de limpieza, como SC Johnson y Clorox, se encuentran con picos inimaginables en la demanda de algunos de sus productos, como el desinfectante Lysoform (de SC Johnson) y la lavandina Ayudín (de Clorox). Lo mismo le sucede a los ejecutivos de envases plásticos y vidrios, que no pueden abastecer a todos los interesados en comprar su mercadería. La gripe A está provocando estragos sanitarios y dejará una mancha importante en la economía. Para la mayoría de los estudios privados, el PBI de la Argentina ya venía con una tendencia contractiva previa a la epidemia. Según estimaciones publicadas por Clarín antes de ayer, el daño en la producción de bienes y servicios podría ir desde los $ 5.000 hasta los $ 30.000 millones. Pero aún se desconoce el impacto final, porque no está determinado cuántos días tomará este flagelo. Entre los más preocupados están los empresarios de gastronomía y hotelería. Durante el primer semestre, la crisis económica ya le había modificado la ecuación de negocios a más de un centenar de restaurantes, sólo en Capital Federal y Gran Buenos Aires. Aunque los propietarios de los establecimientos ofrecen tomar medidas a la mexicana , como mayor distancia en las mesas, en Puerto Madero, Las Cañitas y otros polos gastronómicos ya notan mermas de entre 50% y 60% en la concurrencia. La industria del turismo y los viajes genera $ 33.000 millones anuales en forma directa. Para el sector, las vacaciones tanto las de verano como las de invierno concentran casi la mitad de la facturación. Para esta temporada, las perspectivas son nefastas. El circuito de la nieve (San Martín de los Andes, Chapelco) tiene su suerte atada a los visitantes brasileños (son más de la mitad de quienes vienen a esquiar a las montañas argentinas). Y los vecinos están realizando cancelaciones en sus reservas. "Bariloche está funcionando al 30% ó 40% de su capacidad, cuando se supone que en estos meses debería estar tocando su pico de actividad", se lamenta Oscar Ghezzi, de la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica. Los hoteles porteños también padecen: a la escasez de extranjeros se suman las reticencias de los turistas internos, que usualmente vienen a Buenos Aires por las vacaciones. En cambio, en Córdoba y Mar del Plata, el deterioro estaba más lejos y hasta se las veía como un refugio. Para la industria del entretenimiento, julio es el mes que más importancia tiene en todo el año. Suelen despachar el doble o triple de la cantidad de entradas de cine o teatro en relación con los meses posteriores. Entre los exhibidores de séptimo arte había desesperación. Los dos tanques de la temporada La era del hielo 3 y la saga de Harry Potter se preanunciaban como taquillazos (más de un millón de espectadores), pero el proyector pasa otra película. De los 6 millones de tickets que expenden en julio, las cadenas exhibidoras Hoyts, Cinemark, Village saben que quedará una fracción ínfima. Norberto Feldman, dueño de pantallas, ofreció una suerte de autoregulación (con las salas ocupadas al 50% de su capacidad) para evitar más imposiciones municipales de no abrir, como las de Quilmes y San Isidro. En el descanso de los chicos, los cines solían juntar $ 120 millones de los más de $ 400 millones pautados para todo el año. En los espectáculos infantiles en general, un cuarto de lo que se recauda en todo el año los telones transitan iguales inconvenientes. Como contraste, Blockbuster renació de sus cenizas. Sus locales recuperaron a consumidores ávidos de DVD. No hay más Carlos de la Vega, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, peleaba para que su actividad que mueve casi $ 1.000 millones diarios en todo el país siga normal. "Que la gente puede obtener comida, artículos de limpieza y medicamentos", argumenta. Las industrias fabricantes de productos para la desinfección de bacterias (como Lysoform, de SC Johnson y Ayudín, de Clorox) no lograban suministrar los pedidos. "No hay más" le explicaban a los mayoristas. En una de las empresas, admitieron que "la ola se escapó de cualquier proyección". En un período regular, la categoría factura más de $ 1.000 millones. Esta temporada, entre dengue y gripe, estarían 50% por arriba, según datos de ejecutivos supermercadistas que las compañías no quisieron corroborar. Los dueños de plásticos y vidrios son otros que viven un veranito que asomaba improbable hace sólo 15 días: se quedaron sin stock.
Publicado iEco, domingo 9 de julio 2009

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